ARTICULOS
Volver al histórico >>
REFLEXIÓN DE CUARESMA. 05/03/15

Comenzamos el pasado miércoles de ceniza, el tiempo de Cuaresma, un tiempo de reflexión, de preparación y de oración, un tiempo que nos ha de llevar a vivir la Semana Santa, a vivir plenamente la pasión muerte y Resurrección  de Jesús.

Nos dice el papa Francisco que la cuaresma es un tiempo de renovación, pero sobre todo es un tiempo de gracia. Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero. Él no es indiferente a nosotros. Cada uno de nosotros le interesa a Dios pero cuando nosotros estamos bien nuestro corazón cae en la indiferencia y se olvida de quienes no lo están. Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el Hombre, entre el cielo y la tierra.

Estamos en un período de cuarenta días,  donde meditar sobre los fundamentos de nuestra fe, preparándonos para el acontecimiento pascual, centro de nuestra vida cristiana, personal y comunitaria. Dice el Papa Francisco que el pueblo de Dios tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. Por ello nos propone tres ámbitos para meditar sobre de esta renovación durante la Cuaresma:

1.- la Iglesia. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres. La cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Jesús y así llegar a ser como Él.

2.- Las parroquias y las comunidades. Cuando la Iglesia terrenal ora, se instaura una comunión de servicio y de bien mutuos que llega ante Dios. Junto con los santos formamos parte de la comunión en la cual el amor vence a la indiferencia. La Iglesia es enviada a todos los hombres y podemos ver en nuestro prójimo al hermano y a la hermana por quienes Jesús murió y resucitó.

3.- Las personas creyentes. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia? Podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. Podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas. El sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios.

Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. Un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.

Nuestra Hermandad inicia el camino de la Cuaresma, de la preparación para tras la pasión y muerte de Jesús  alcanzar el Domingo de Resurrección, el día del triunfo sobre la muerte que da sentido a nuestra fe. Que este tiempo de cuaresma nos sirva para acrecentar nuestra fe en Jesús Nazareno.




Copyright 2017® - HERMANDAD DE NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO
- Todos los derechos reservados -