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EL NUEVO TRONO DE LA VIRGEN DE GRACIA

Las Hermandades del siglo XXI necesitan para procesionar a sus Sagrados Titulares obras de arte que ofrezcan, además de la ineludible perfección técnica, un significado más allá de lo evidente. Realizaciones  intelectualmente valientes que sugieran tanto a sus hermanos como a los fieles que acuden a contemplar los desfiles significados a través de los sentidos, haciéndonos reflexionar y moviéndonos a encontrar el universo trascendente de nuestra Fe. Vienen estas consideraciones al caso del magnífico trono estrenado este año por nuestra Patrona. Si en el pasado fue la propia Iglesia la que empleó el arte como medio de crear imágenes con las que instruir a unos fieles que rara vez sabían leer y escribir hoy, en agosto de 2008, ha sido la Hermandad de Nuestra Señora de Gracia la promotora de un trabajo que va mucho más allá de lo evidente en sus postulados artísticos e iconográficos.

Y es que los cristianos necesitamos aún de la fuerza de la imagen tanto o más que en la época en la que Europa levantó sus catedrales románicas y góticas dotándolas de pinturas, esculturas y relieves que pretendían instruir a los fieles a través de los sentidos.

En cuanto a sus facetas técnicas, el trono presentado el pasado día 15 de agosto se ha revelado a la par tanto como una más que correcta realización de artesanía cofrade como una valiente apuesta por unos postulados estéticos hasta ahora prácticamente desconocidos en la localidad.

Así, una importante novedad es la del cajillo, caracterizado por la bellísima labor de carpintería calada de su superficie, la cual es obra de Antonio Angulo Benítez, artista, que ya dio muestras de su maestría hace años en la realización de la puerta de la Ermita de San Sebastián. En esta ocasión, Angulo despliega toda una maraña de pequeños y minuciosos motivos vegetales y florales que se encuentra muy en consonancia con los célebres pasos sevillanos, cuya influencia también se adivina en la planta del trono, resuelta audazmente mediante una maraña de líneas concavo-convexas que imprimen al conjunto la clásica sensación de movimiento propia de la escuela neobarroca de aquella ciudad (1). A lo largo del cajillo, doce ángeles nacidos de las gubias del prometedor imaginero Juan Vega revolotean alegremente, mostrando una enorme diversidad de actitudes y posiciones infantiles. Destaca la presencia entre los mismos de dos pequeños querubines de raza negra, alegoría de que el mensaje cristiano y la Mediación de la Virgen María alcanzan a todas las razas de la Tierra. En las esquinas del trono se sitúan los arbotantes, cuya liviandad, reducido grosor y movimiento los asemeja a los clásicos guardabrisas sevillanos. Compuesto cada uno por ocho tulipas, dotan de iluminación eléctrica al conjunto. Bajo ellos, cuatro cartelas de forma ovalada concentran la atención iconográfica del trono, representando algunas de las Letanías Lauretanas, cuya significado abordaremos más adelante.

En el frontal del cajillo se abre una capilla, flanqueada por columnas salomónicas y cubierta por una cúpula  semiesférica que es a su vez rematada por una recreación del característico campanario de la Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación, templo mayor alhaurino y sede de la Hermandad. Dentro de la misma, dos pequeñas tallas de la Virgen María arrodillada y un ángel señalando al cielo pueden interpretarse como una representación del pasaje de la Anunciación. Las cartelas ovales de los laterales y la trasera quedan reservadas para los blasones de Alhaurín el Grande y las corporaciones  de Pasión y Gloria de la localidad. El de nuestra Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno ocupa un destacado lugar el lateral derecho del cajillo, habiéndose producido una ostensible variación con respecto al antiguo trono, en el que el emblema empleado era el de las siglas JHS rodeadas por una corona de espinas. En esta ocasión se ha preferido cambiar esta representación por el escudo heráldico del águila bicéfala coronada, de manera que sea éste el que represente la secular identificación y devoción de los hermanos de Jesús hacia la Virgen de Gracia.

En definitiva, y desde una perspectiva exclusivamente artística, nos hallamos ante una obra innovadora que marca un punto y aparte con alguno de los principios más asentados de la estética procesional implantada en Alhaurín el Grande tras la posguerra (2), especialmente el de la planta del cajillo, que frente a la anterior forma rectangular ha adoptado otras líneas más sinuosas y curvas. Por si esto fuera poco, también el dorado, que se debe a la minuciosa y concienzuda labor de Ramón Vega, hermano de nuestra Hermandad, ha supuesto una importante novedad, ya que se ha empleado la técnica del “oro fino” (veinticuatro quilates) frente al llamado “dorado alemán” (dieciocho quilates), tan tradicional en la localidad.

Pero si lo que hemos comentado hasta ahora responde únicamente a las calidades artísticas de la obra, no es este punto el único que destaca en el nuevo trono de Nuestra Señora de Gracia. Una mirada más profunda nos deja ver la abundancia de detalles y elementos simbólicos que contiene. Más allá de la evidencia de los escudos de la localidad y las Hermandades situados en la trasera y los laterales, el cajillo muestra un profundo y cuidado estudio iconográfico (3) en el que encuentran eco algunos de los más sugerentes atributos marianos como son las Letanías de la Virgen. El origen de estas debemos encontrarlo en los textos de los padres apostólicos del siglo II, quienes siguiendo a San Pablo fueron creando fórmulas de invocación que con  el paso del tiempo adquirieron una enorme difusión entre los fieles. De esta manera, en la Edad Media la recitación de las Letanías, quedaría reservada o bien para momentos de especial importancia espiritual, como el bautismo y la ordenación sacerdotal, o bien para las abundantes calamidades públicas de la época. Ya en la Alta Edad Media aparecerán Letanías propiamente marianas, que adquirirán un carácter popular gracias a la difusión del rezo del Santo Rosario por Santo Domingo de Guzmán, el cual se generalizará entre la población.

En el siglo XVII, ante la enorme proliferación de Letanías, el Papa Clemente VIII prohibió aquellas que por su origen o significado dudosamente litúrgico se alejaban de la doctrina de la Iglesia. Así, sólo quedaron como válidas las del Misal y el Breviario Romano y las que se rezaban en la ciudad italiana de Loreto (4), de donde procede precisamente la Letanía Lauretana, redactada hacia 1500 y compuesta por unas cincuenta invocaciones a elementos procedentes del Antiguo y el Nuevo Testamento, las cuales fueron enriqueciéndose con el paso de los siglos con nuevos títulos que los Papas añadirían mediante Breves Pontificios y Decretos. 

Los motivos de la Letanía Lauretana, convertidos en símbolos, se difundirán a través del arte por toda Europa y América, convirtiéndose en uno de los temas preferidos de los artistas del barroco, que las plasman en miles de relieves, pinturas o grabados que acompañan desde esta época a las representaciones de la Virgen María.

Como vemos, el piadoso camino que han seguido estos símbolos a través de las sendas de la religión, el arte y la tradición popular hasta recalar en el nuevo trono de nuestra Patrona, ha podido resultar largo en el tiempo, pero en absoluto ilógico. Y es que no en vano, la advocación de Nuestra Señora de Gracia también está identificada, y no de una manera casual, con una de las Letanías Lauretanas más difundidas, concretamente la de “Madre de la Divina Gracia”, que encuentra su significado en la trascendental misión para la salvación de la humanidad que el cristianismo concede a la Virgen María como origen de Jesucristo, hecho que se ha venido identificando con el pasaje de la Anunciación representado en la capilla frontal del trono. A los lados de la misma tenemos otras Letanías Lauretanas, concretamente la Turris eburnea (“Torre de marfil”), situada en la cartela izquierda, y la Stella matutina (“Estrella de la Mañana”), a su derecha.

Con respecto a la primera de ellas, la “Torre de marfil”, será tomada como símbolo de hermosura y fortaleza. Si en la Edad Media, la torre era un emblema de guardia, vigilancia y ascensión, esta Letanía incide en la santificación de la Virgen, que es presentada así como eje del mundo, faro y camino hacia la santidad y el cielo. La segunda (“Estrella de la mañana”), identifica a María con este astro, el  más brillante del firmamento, que permanece visible incluso al alba, anunciando la llegada del amanecer. En un sentido simbólico, la Virgen María no sería sino la Estrella que nos anuncia la llegada de un Jesús identificado con el sol que viene a iluminar la existencia.

La Foederis Arca (“Arca de la Alianza”) también encuentra representación en el cajillo, concretamente en la trasera izquierda. Tomada como el objeto más sagrado y poderoso del antiguo Israel, el “Arca de la Alianza” se hallaba construida con madera y espolvoreada con acacia de oro. En su interior se guardaban las Tablas con los Diez Mandamientos, el Maná en un jarrón de oro, la vara florecida de Aarón y el Libro de la Ley, con lo cual simbolizaba tanto la presencia de Dios como su alianza con el pueblo hebreo. Por tanto la identificación de ésta con la Virgen María incidirá tanto en la unión entre Dios y la Humanidad como en el carácter divino de la Virgen, que albergó en su interior a Jesús. Por último, la última de las Letanías Lauretanas representadas es la Rosa Mystica (“Rosa Mística”), situada en la trasera derecha del cajillo. En la iconografía cristiana, la rosa se relaciona tanto con la sangre de Jesús como con la Virgen, a la que desde la Edad Media se le atribuye el carácter de “rosa sin espinas”

En definitiva, nos hallamos ante una obra que, a buen seguro, marcará nuevas tendencias. Un trono destinado albergar y servir como inigualable a la Virgen de Gracia durante el siglo XXI y en el que las  nuevas generaciones de alhaurinos y alhaurinas verán a la Patrona cada 15 de agosto. Conste desde aquí mi felicitación a la Hermandad para una obra valiente y exquisitamente cuidada en sus detalles artísticos e iconográficos y que  a buen seguro, Es un trono digno de una Reina… De la Reina de todos los alhaurinos…

 Salvador David Pérez González NOTAS

(1)   De hecho, podríamos hablar más de un canasto, término con el que se denomina en Sevilla a la estructura de los tronos, que de un cajillo

(2)   La cual bebía, principalmente, de las realizaciones artísticas que realizaban artistas malagueños o granadinos

(3)   La iconografía es la ciencia que estudia el origen y formación de las imágenes artísticas y su relación con lo alegórico y lo simbólico, así como su identificación por medio de los atributos que se suelen asociar a cada obra artística.

(4)   Precisamente aquí se levanta el Santuario en el que, según la tradición, se encuentra la casa de Nazaret en la que vio nació y creció a la Virgen María y en la que se produjeron los misterios de la Inmaculada Concepción, los Esponsales con San José, la Anunciación del Ángel a Maria, y la Encarnación. En 1291, durante el pontificado de Celestino V, la expulsión de los cruzados de Palestina produjo el hecho milagroso de su traslación por los ángeles primero a Terssato, en la costa dálmata de Croacia y tres años más tarde (1294) a Loreto. Independientemente de la encantadora ingenuidad dimanante de este milagro, el  Santuario de Loreto se convertirá a partir del siglo XIV en un lugar en el que el culto a la Virgen María conocerá un espectacular auge, atrayendo cada año a miles de peregrinos que acudirán  a ver la Caza Nazarena.

  



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